¿Fallos en la interpretación de los electros de jóvenes atletas?

¿Fallos en la interpretación de los electros de jóvenes atletas?

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La muerte repentina de un atleta joven siempre es una tragedia. Nadie olvida el día que Antonio Puerta, de 22 años, futbolista del Sevilla, se desvaneció en pleno campo como consecuencia de un paro cardiaco durante un encuentro con el Getafe. Murió tres días después en el Hospital Virgen del Rocío.

Deportistas y especialistas de salud han reclamado…

La muerte repentina de un atleta joven siempre es una tragedia. Nadie olvida el día que Antonio Puerta, de 22 años, futbolista del Sevilla, se desvaneció en pleno campo como consecuencia de un paro cardiaco durante un encuentro con el Getafe. Murió tres días después en el Hospital Virgen del Rocío.

Deportistas y especialistas de salud han reclamado incesantemente la realización de chequeos cardiacos regulares en los atletas con el fin de detectar anomalías cardiacas ‘silenciosas’, pero potencialmente mortales. De hecho, desde el año 2005, la Sociedad Europea de Cardiología apoya la realización de electrocardiogramas (ECG) en deportistas de competición como estrategia para reducir las muertes súbitas. Las pruebas de la eficacia de este tipo de chequeo hay que buscarlas en Italia, concretamente en la región de Véneto, donde la introducción de esta prueba médica ha logrado disminuir de forma significativa la mortalidad en este colectivo. Otros expertos en cambio cuestionan su utilidad.

La publicación en el último ‘Journal of Pediatrics’ de un estudio que determina la baja precisión de los cardiólogos pediatras a la hora de interpretar los resultados del ECG seguramente avive esta polémica.

Diferencias entre Europa y EEUU

Luis García Guereta, cardiólogo infantil del Hospital La Paz de Madrid, reconoce que «existe mucha controversia alrededor de si se debe realizar la prueba de forma sistemática a los atletas jóvenes antes de su participación en competición. Mientras que Europa sí lo recomienda, Estados Unidos no. En Italia también se realiza en los colegios a aquellos alumnos que vayan a competir. En España aún no existen recomendaciones oficiales. Y una parte de la polémica reside en que los criterios sugerentes de patología que da la prueba en adultos están claros, cosa que no sucede con los niños, porque un electro normal en un niño varía con la edad».

Allison Hill, de la Universidad de Standford (EEUU), es la directora principal de un estudio en el que finalmente han participado 53 especialistas. A todos ellos se les envió por correo electrónico y de forma arbitraria alguna de las 18 pruebas de ECG almacenadas en el Hospital Infantil Lucile Packard (California, EEUU). Ocho eran de atletas con corazones normales y el resto de deportistas con alguna patología subyacente, como miocardiopatía hipertrófica, miocarditis, entre otras. «Algunos de los ‘electros’ normales mostraron hallazgos comunes en los corazones de los atletas, como arritmia sinusal (es una variación del ritmo cardiaco según la respiración), ritmo auricular bajo y bradicardia sinusal.

Según el doctor Guereta, la «miocardiopatía hipertrófica es la causa más frecuente de muerte súbita por ejercicio en los atletas y es relativamente frecuente. El problema es que suele ser asintomática. Se puede detectar en algunos chequeos, cuando se va al médico, pero los jóvenes que están sanos no suelen acudir al médico. Pese a todos los criterios para su diagnóstico, sí están más definido en los adultos que en los menores».

¿Cardiólogos pediátricos o deportivos?

Los datos revelan que la «precisión de las interpretaciones de los cardiólogos fue baja. La puntuación media de la precisión global fue del 67%. Los encuestados obtuvieron una sensibilidad (la capacidad para detectar la enfermedad) del 68% y una especificidad del 70% (probabilidad de clasificar correctamente a un individuo sano, es decir, que un sujeto sano obtenga un resultado negativo) para el reconocimiento de cualquier anormalidad en los ECG. La tasa de falsos positivos fue del 30% y la tasa de falsos negativos de un 32%», detallan los autores en el ensayo.

Apuntan que «en Italia, donde el ‘electro’ se ha relacionado con una disminución del 89% de las muertes súbitas en atletas, la historia clínica, el examen físico y la interpretación del ECG se lleva a cabo por un cardiólogo deportivo que ha completado una formación de cuatro años. Este sistema contrasta con el estadounidense en el que, por lo general, la historia y el examen se realiza por un pediatra y el ECG se envía por fax a un cardiólogo pediátrico para su interpretación».

Aunque el equipo de Standford reconoce algunas limitaciones del trabajo, como una muestra pequeña, y cree que se debería reevaluar la formación de los cardiólogos pediatras también admite que el ‘electro’ «no tiene una sensibilidad ni especificidad perfecta y que su interpretación es complicada. La realización de la prueba antes de que el atleta empiece a competir podría relacionarse con altas tasas de inclusión o exclusión inapropiadas de los jóvenes en el deporte. Si finalmente, se decide que esta forma de chequeo puede resultar beneficiosa, es importante considerar cuidadosamente quién debe interpretar los datos y cómo formar a estos especialistas».

El especialista de La Paz admite «que la interpretación de la prueba en niños es complicada debido a que, como apuntaba anteriormente, los ‘electros’ en menores varían en función de la edad. Sin embargo, es cierto que si se cuenta con la historia clínica, se realiza la exploración física y la lectura la realiza un especialista bien formado, se pueden detectar muchas enfermedades que elevan el riesgo de muerte súbita con el esfuerzo físico».

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